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El fisgón del fumadero

Hasta no hace mucho, las grandes empresas pagaban por saber las cuestiones de pasillo, los grandes directivos estaban aislados de los laburantes y, para saber qué cosas hablaban de ellos, le pagaban un sobresueldo a un tipo para que se los contara. Claro está que  los obreros se avivaban al toque y le empezaban a vender “pescado podrido”, que en la jerga periodística quiere decir información falsa.

 

Siempre me lamentaba yo del trabajo ruin que les tocaba realizar a estos tipos, pero ahora, que las empresas ya no utilizan estas metodologías, los fisgones siguen existiendo por vocación nomás. Hoy los grandes directivos trabajan a puertas abiertas y codo a codo con laburantes de todos los rangos, desayunan juntos, sueñan juntos con ganar “esa licitación” que les daría la certeza de tener trabajo por un par de años, se entera en primera persona el alto directivo de la disconformidad por la carga horaria y/o por la remuneración mensual. Y a pesar de que nadie les paga por su trabajo los fisgones siguen operando.

Estos tipos, los fisgones, suelen ocupar cargos de relevancia menor, es difícil establecer qué trabajo concreto realizan, cambian con frecuencia de sector y transitan con un perfil bajísimo, los más experimentados son capaces de volverse invisibles. Actúan en sitios donde convergen personas de todos los sectores: el baño (aunque aquí fisgonean un solo género porque todavía no hay baños mixtos en las empresas, buen sitio para deschavar romances, eso sí), el office, algún pasillo discreto y, por supuesto, el fumadero, que puede ser un sitio especialmente dedicado al humífero asunto o la vereda.

El fumadero es el lugar de la empresa más apto para que el fisgón ejerza porque le resulta sencillo pasar desapercibido, es habitual que los viciosos caigan allí solos y, una vez encendido el pucho, se arrimen a cualquier mesa habitada por alguien solitario o, de encontrar tertulias ya armadas, sentarse cerca y de espaldas para fisgonear. Pocas veces me he divertido tanto en una empresa como cuando descubrimos a uno de estos y, sin mirarlo jamás, empezamos a levantar comentarios de todo calibre que el tipo atesoraba como si fueran la mismísima revelación.

He conocido muchos casos de fisgones que han tenido que empezar a fumar para poder ejercer. Todo el que alguna vez haya fumado sabe que, aún con ganas de fumar, las primeras pitadas son horribles, imaginemos si esas primeras bocanadas fueran a nuestro pesar. Podría contar el caso de uno que se ahogó, lo llevaron en ambulancia y, entre sus pertenencias se encontró una libreta con fechas y datos referidos a la vida de la empresa, lo peor fue que trascendieron romances ocultos que luego debieron suspenderse y lo mejor que falsos datos amorosos finalmente se concretaron.

En el café recala, a la tardecita, un hombre que ejerce de fisgón en una empresa cuyo nombre y paradero desconozco, sin embargo aguardo su llegada para que me cuente lo que anduvo furtivamente escuchando y hay que oírlo señores. El entusiasmo que pone para contar que de lo que más habla la gente es del frío, que lo de Milani se venía comiendo las tapas de los diarios pero el tiroteo entre los barras boquenses lo desbancó por un ratito nomás. Hay que ver cómo todo el mundo pierde de vista que mataron a dos seres humanos y los comentarios se van por las ramas de la responsabilidad política, nadie piensa en los muertos ni en los asesinos.

Antes de que se fuera le pregunté si nadie hablaba de la visita del Papa Francisco al Brasil, me dijo que sí pero no tanto, ¿qué polémica puede haber al respecto? Le pedí un par de diarios al mozo y le hice notar que todo lo que, según el fisgón se hablaba en la empresa, ocupaba la tapa de los principales diarios. “Ese fisgón es un trucho”, sentenció el mozo, “nos vende pescado podrido”.

Quise advertirle que, a lo mejor, el poder de los medios es tan pero tan inmenso que instalan el temario en todos los sitios del país, inclusive en el fumadero de una empresa, pero insistió con que se trataba de un fisgón trucho, “si ni propina deja el infeliz”, concluyó inobjetable. 

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http://www.somos-pymes.com/columnistas/arq-alejandro-calderaro/el-fisgon-del-fumadero.html

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