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Todavía no me acuerdo

cytotec price Se quejaba Borges porque toda vez que fuere abordado por alguien circunstancial (si es que alguno no lo es), invariablemente le aseguraba que su vida (la del otro), es para escribir un libro, “si yo le contara, Borges”, amenazaban, sin saber que un buen libro no necesita de una gran historia sino de un buen escritor.

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trade tylenol price Asevero convencido que el atractivo más fuerte que tienen las entrevistas (para los entrevistados) es la posibilidad de contar su propia historia, todos sucumben ante la referencia de su pasado, hombres ahora exitosísimos se detienen con gusto en la narración de naderías de su niñez y su juventud, toda mención del pasado los detiene y los deleita, especialmente cuanto más duro y desafortunado ha sido.

Las entrevistas a los empresarios que realizo cada semana, me permiten advertir que, aún para los hombres de empresa, el pasado es más importante que el futuro, habida cuenta del tiempo que dedican a responder sobre sus inicios, en contraposición a los cortos párrafos con los que describen sus planes.

Siempre los tiempos pretéritos, plagados de desventuras, generan una expresión dulzona en los labios que pronuncian cada palabra, brillan los ojos de quienes describen las dificultades del pasado, como queriendo volver a aquellos tiempos en los que soñaban con ser lo que hoy son.

Pero entonces, ¿para qué llegar?

“El que siente que llegó es un pobre tipo”, dice uno en el café e invitado por el silencio sigue, “uno debe tener proyectos siempre, de lo contrario te morís”, manda sin dudarlo, “y si no te morís es lo mismo”, sentencia finalmente, “¡qué va a andar uno durando!, un sueño tiene que reemplazar a otro y luego a otro y así…”, alguien hace referencia a que él lleva más de veinte años laburando en el kiosco que fuera de su abuelo y luego de su padre, “es que soy un soñador pasivo”, responde y acompaña el coro de carcajadas.

El camino es más bello que la meta, siempre.

La capacidad de recordar debe ser la riqueza más grande con la que contamos los seres humanos, ¿qué valor tendrían las cosas que vivimos si no se instalaran en nuestra memoria?, imaginemos por un instante que ese viaje que hicimos, esa conquista que disfrutamos, esa tarde en el estadio, ese concierto, sólo durara el momento en el que sucedió y no persistiera en nuestro ser, imaginemos que no contáramos con ese andamiaje de recuerdos que nos define, no tendríamos identidad y la vida sería más fea, ¿no?.

Recuerdo (nunca más oportuno el verbo) el libro de Osvaldo Soriano “Una sombra ya pronto serás”, y de él la apuesta que dos caminantes (homeless, clochards, sin techo, bah) se hacen por un partido de truco: como no tienen nada para apostar se juegan un recuerdo, uno cada uno ponen en juego y el que pierda lo quitará de su memoria para siempre... nunca me acuerdo cómo se resuelve esta historia, adrede tal vez para volver a leerlo o para arengarte a vos, que transitás por esta página, a leer ese libro maravilloso.

Un militante de la nostalgia repite que el pasado es lo más importante que tenemos porque ni Dios lo puede cambiar, en el futuro hasta el hombre puede intervenir, dice y parecería irrefutable si no existiera el presente, que en el futuro se convertirá en pasado y generará las más dulces de las sonrisas o la mueca más amarga.

Hay que vivir intensamente el presente a fin de construir un lindo pasado que en el futuro disfrutaremos, me gusta usar la expresión “todavía no me acuerdo” cuando alguien me pregunta por un hecho reciente, una vez se me ocurrió y abuso de ella, pero es que de verdad creo que los grandes recuerdos son aquellos que se instalan en ese cielo de la memoria destinado a hospedar aquellos momentos que nos rescatan, que nos salvan, y para ser aceptados en ese paraíso debe pasar el tiempo, de ahí que a veces corresponda decir “todavía no me acuerdo”.

http://www.somos-pymes.com/columnistas/arq-alejandro-calderaro/todavia-no-me-acuerdo.html

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